martes, 18 de septiembre de 2012

alejandrinismo


 Término que se refiere a las obras, estilos y principios técnicos de los escritores alejandrinos (Grecia), que prosperaron alrededor de los años 322 a 30 a.C. Algunas de las principales formas que usaron fueron: la elegía, el epigrama, el epilio. También escribieron dramas. La mayor parte de sus obras se caracteriza por la ornamentación y la oscuridad. (Cuddon) // 2. Nombre dado al sistema filosófico y a la tendencia literaria adoptados en la escuela de Alejandría. La fama, muy justa, de los filósofos alejandrinos, y los admirables escritos acerca de sus doctrinas, fueron causa de que, durante algún tiempo, quedaran relegados en el olvido otros muchos escritores y artistas que, antes y después de los filósofos, tanto hicieron por la poesía, la crítica, la ciencia, llegando a lograr un largo período de cultura helénica, con propias características muy acusadas. Los filósofos alejandrinos son posteriores a la Era cristiana; iniciaron sus escuelas en el siglo III, para terminar su influencia en el siglo V. Sin embargo, el alejandrinismo, como período de cultura general, es muy anterior. Empezó en el siglo IV antes de Cristo, y continuó pujante durante la dinastía de los Tolomeos. El primero de estos monarcas, Tolomeo Soter (Salvador), hizo de Alejandría, capital de su reino flamante, ciudad de artistas y de sabios. Siguiendo los consejos de Demetrio de Flero, fundó una biblioteca y un museo, que habían de ser pasmo de su época y de la tradición. El museo, enorme edificio de riquísimos pórticos y salas, estaba rodeado de unos bellos jardines, dedicados al coloquio de filosofía, arte o poesía. En este museo, Euclides enseñó las matemáticas y fundó la escuela de la que salieron Aristarco de Samos, Arquímedes, Eratóstenes, Apolonio de Perga; Diodoro Cronos enseñó la filosofía, contando entre sus discípulos a Filón y a Zenón de Cittium. La poesía, la crítica y la gramática tuvieron como primer maestro a Filetas de Cos. Distinguió a la poesía alejandrina una extremada erudición mitológica y arqueológica, mezclada en unas formas sabias y en un estilo sumamente amanerado. El sentimiento quedó sacrificado al arte; y este arte, sumamente refinado, tuvo una propensión extraordinaria a los efectos del primer momento. Y la imaginación quedó ahogada por los resabios eruditos. Faltan textos para apreciar debidamente el alejandrinismo poético, y los escasos con que contamos refiérense a Propercio, acusado de imitador, y a Filetas. Los críticos alejandrinos alabaron más particularmente a Calímaco, que vivió durante los reinados de Tolomeo Filadelfo y Tolomeo Evergetes. De los numerosos poemas compuestos por Calímaco –elegías, epopeyas, dramas satíricos, himnos, epigramas– no nos quedan sino algunos epigramas e himnos. Estos últimos interesan particularmente por el eclecticismo religioso con que el poeta intenta unificar la multiplicidad de tipos mitológicos. Asclepíades de Samos, a quien se atribuyen innumerables epigramas, y que vivió en Alejandría, fue contemporáneo de Calímaco. Por la misma época, Teócrito, que vivió algún tiempo en Alejandría, se formó poéticamente como discípulo de Filetas. En una época en que Grecia había perdido su fecundidad literaria, o el arte hábil de renovar con nuevas formas las obras de su pasado, cuando la crítica y la erudición habían reemplazado al genio creador, el alejandrinismo acertó a contener una decadencia demasiado rápida, aprovechando y como zurciendo salvados valores aliados en una expresión muy peculiar. Arato, amigo de Teócrito, fue contado entre los alejandrinos, a pesar de no haber estado en Alejandría, por delatar la influencia retórica y pensada del alejandrinismo. Lo mismo puede afirmarse de Euforión, quien, en sus numerosos escritos, se goza en prodigar las locuciones poco conocidas y las alusiones difíciles de interpretar. Apolonio de Rodas, discípulo de Calímaco, alcanzó un gran renombre con su epopeya Los argonautas, en cuyos recitados se encuentra la misma abusiva erudición de la que los alejandrinos hicieron su mérito capital. Sin embargo, los defectos del alejandrinismo literario se delatan enteramente en el poema de Licofrón Alexandra, obra extraña, en la que lo histórico está presentado bajo la forma enigmática de los oráculos, y en la que se encuentran reunidas las más singulares leyendas y las más absurdas expresiones. En el siglo II antes de Cristo se hizo sentir entre los poetas la influencia alejandrina; así, en las Geórgicas y en las Metamorfosis de Nicandro de Colofón, y en dos poemas –hoy perdidos– acerca de la Medicina. Dicha influencia lírica aún se patentiza en el siglo I antes de Cristo, y en el mismo Partenio, maestro griego de Virgilio y amigo de Galo. Los trabajos críticos de los alejandrinos versaron acerca de temas de la Gramática y de la Filología, principalmente referidos a los textos de los poetas homéricos. Filetas se aplicó a explicar las palabras oscuras, las locuciones arcaicas y las expresiones propias de distintos dialectos. El inicio la recensión alejandrina de la Ilíada y de la Odisea, que posteriormente llegaría –ampliada y precisada– a ser la definitiva, según la cual los dos famosos poemas han llegado hasta nosotros. Zenodoto, discípulo de Filetas, puso las bases más firmes de la crítica sistemática aplicada a los textos literarios; sin embargo, su imprudencia y su audacia motivaron no pocas alteraciones, confusiones y falsedades en los textos homéricos por él estudiados. Su discípulo, Aristófanes de Bizancio, y el discípulo éste, Aristarco, alcanzaron el éxito, de terminar la depuración y de dar la suprema armonía en la Ilíada y en la Odisea. Los textos homéricos de Aristófanes de Bizancio y de Aristarco son los más dignos de crédito. Después de este famoso período del alejandrinismo crítico, los trabajos de corrección, de interpretación y de gramática fueron continuados por eruditos que nacieron o que enseñaron en Alejandría; entre ellos destacaron: Dídimo –que resumió todos los estudios acerca de Homero–, Apolinio “el sofista” –que redactó un Léxico de palabras encontradas en Homero–, Apión –que en tiempos de Tiberio inició una nueva revisión de la Ilíada–, Apolonio Díscolo –quien, en el siglo II después de Cristo, redactó una gramática sumamente curiosa–. Artísticamente, el alejandrinismo se caracterizó no por sus peculiares intuiciones, ni por sus formas de vida, sino por inclinarse más y mejor al conocimiento del arte que a la creación artística; el alejandrinismo artístico eligió los cánones que le exigían las preferencias estéticas y no los que le señalaban las imperiosas necesidades de su propio devenir. El alejandrinismo –que supo armonizar, resumir, compilar, imitar con singulares prerrogativas calidades del espíritu crítico– encontró enormes dificultades para librarse de las influencias y refugiarse en una evolución. Puede afirmarse, sin grandes temores al error, que el alejandrinismo artístico no hizo sino mecanizar los temas y la técnica. (EDL)

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